Total, nadie me lee.
Hace 2 semanas
Pero como en la mayoría de estos casos, comieron y comieron perdices y fueron muy felices. Pero un día, tan exquisitas aves empezaron a escasear. La bonanza conocida flaqueó hasta el extremo. Las fértiles tierras ribereñas dejaron paso a vastas llanuras desérticas que no producían grano alguno. El fervor de su pueblo se tornó hambruna y miseria. Los proyectos iniciados absorbían los recursos acumulados durante tanto tiempo, a un paso estrepitosamente alarmante.
En el consuelo de una joven cortesana, el hundido rey encontraba su resuello, su propia paz, una ventana de luz en su pozo de amargura. Sin embargo, la piedad y la buena voluntad de la joven confundieron al príncipe hasta caer rendidamente enamorado a sus pies. La joven dama, fiel a su reina, por la que daría la vida, rechazó los sentimientos del consorte. Jamás le volvió a dirigir palabra, pues a pesar de amarlo profundamente, sabía que no podía faltar a su promesa. No era capaz de clavar en su señora la daga de la mentira y decidió hacerse a un lado y borrar de su corazón y de sus recuerdos todo cuanto había soñado para con su amado.
De la reina, se sabe que permaneció en castillo hasta el fin de sus días. El rey, hacinado en la torre más alta del castillo, pasó largos años de aislamiento, recluido por voluntad propia, en el más apartado de los rincones de aquel reino empobrecido y desdichado. Jamás fue capaz de mirarse en un espejo, ni de obtener la respuesta a sus plegarias. Algunos cuentan, que murió de viejo. Otros dicen que de la tristeza que le invadía, se le secó el corazón y se convirtió en piedra. Algunos aventuran –esto es menos probable-, que llegó a pactar con el diablo con tal de volver a ver, aunque una sola vez fuera, a la amada que tanto extrañaba y que aún así, ésta no quiso complacerle. En cualesquiera de estos casos, sí es cierto, que fueron felices y que comieron perdices, pero sólo por un tiempo.
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Quiero creer, que el mismo amor que yo le confiese desde el mismo día en que nazca –o incluso desde mucho antes-, será recíproco y sincero. Que igual que yo le tenderé mi mano cuando dé sus primeros pasos, él o ella me tienda las suyas cuando yo de mis últimos. No lo puedo saber con certeza, pero sin duda, estoy convencido de que así será. Pienso con fuerza en que será mi guía cuando ya no pueda ver, mi susurro cuando no pueda oír, o mi voz cuando no pueda ya hablar.
Por todo ello, a pesar de no haber nacido aún. A pesar de ni tan sólo estar en camino, ni en proyecto, ni siquiera saber si llegarás algún día, quiero darte las gracias, por que se que las merecerás y temo que cuando repare en que debo dártelas, sea ya demasiado tarde.
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Quizás esperamos a que una voz grave, que resuena desde el eco de la conciencia, algún tipo de oráculo, que ejerce de juez, con su balanza equitativa de lo bueno y lo malo, nos responda que nunca lo averiguaremos, que simplemente el destino se dibuja con el lápiz que es tu vida, con tus andares y tus tropiezos y que en cualquier caso, no te queda más remedio que seguir por tu camino, sea cual sea y esperes a ver que pasa.
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