Cartas psicóticas (Carta Primera)
3 Fantásticos comentarios Fantaseado por Alex at viernes, abril 11, 2008Pero...¿que es este devaneo, este ir y venir, esta zozobra en mis pensamientos? ¿Acaso es la realidad la que, trastocada, altera mi percepción de las cosas?
Tal vez sea la huida de mi consciencia, el abandono de mi cordura, lo que más tema. O quizás, sea el anhelo de la razón, ya que sin ella apenas puedo saber quién soy.
No es que me niegue a aceptarlo. Más bien, es la rabia de que sean los demás quienes no lo aceptan.
No son mis sueños los que me encarcelan, ni los que me ciñen esta camisa. Quienes lo hacen, son quienes temen verse reflejados en mi locura. Aquellos que seguro están menos cuerdos que yo, que sabiamente lo disimulan, los que construyen la sociedad, los que dictan las normas y ubican, según su propia locura, la delgada linea que separa el bien del mal.
Pero yo decidí ser honesto. Dí rienda suelta a mis instintos. Errores o no, mis actos fueron tan espontáneos como las charlas con el doctor, y al igual que éstas, sólo me sirvieron para acabar en este manicomio.
Cartas psicóticas (Carta Segunda)
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Punzante placer de vigorosa tropelía,
es con mis colmillos atravesarte cada día.
Que ni tu carne, ni tu sangre,
ni el desdén de tu mirada,
hace si no más fuerte,
el poder de mi estocada.
En la vida y en la muerte,
con razón o sin ella,
tan sólo quiero morderte,
mi querida doncella.
Ya no queda en tu cuerpo,
y ni siquiera en tu mente,
ni un solo trozo de carne,
al que no le haya hincado el diente.
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Reflexiones de un vampiro (Parte 2).
0 Fantásticos comentarios Fantaseado por Alex at martes, marzo 18, 2008Si no lo has hecho aún, te recomiendo la lectura de:
Reflexiones de un vampiro (Parte 1).
Hay sentimientos de muchos tipos. Algunos de ellos nos atraviesan el alma, digamos a corto plazo. Contra otros nos volvemos inmunes a base de ignorarlos, o simplemente de no experimentarlos. Sin embargo, el que a mí más me inoportuna, es este desarraigo que siento desde que me expulsaron de la comarca. Las cosas se pusieron feas allí. Las noches dejaron de ser seguras para mi, y me cansé de esconderme, así que busqué el refugio de la espesura del bosque. Por supuesto que no es lo mismo, dónde vamos a parar.
Anhelo el sabor de la sangre humana. Ese calor recorriendo mi garganta, esa sensación de poder al someter a mis victimas, esa lucha cuerpo a cuerpo. Recuerdo los gritos de dolor y mis alaridos de placer. Sólo de pensarlo se me eriza el cabello. Ya no recuerdo cuando me alimente de humanos por última vez. Lo hecho tanto de menos...
Aún así, lo que me corroe y me azota, es el no sentirme en casa, el no pertenecer a ningún sitio. Mi clan desapareció, mi morada fue destruida, y mi orgullo pisoteado. Es como si ya no fuera un vampiro completo, como si el sinsentido de mi existencia fuera cada vez más vacío. Me despojaron de mi orgullo, violaron mi vanidad y pisotearon mi moral. Jamás perdonaré el ultraje al que fue sometida mi estirpe, y algún día haré justicia, pero ahora no tengo valor ni fuerzas. No es sólo esta soledad, ni la ausencia de humanos por aquí. Es el saber que piso una tierra a la que no pertenezco, y de la que nunca saldré. Una tierra que no me acogerá a mí el día que descanse para el resto de la eternidad, igual que no acogió a mis antepasados.
Ya nada me importa. Ya no tengo nada que demostrar, ni tan siquiera a mi mismo. La fortaleza que antaño me erigió en un temible vampiro, se ha tornado por completo tristeza, melancolía y apunta ápices de locura. Me siento sólo, muy sólo. Ahora por no tener no tengo ni enemigos.
Reflexiones de un vampiro (Parte III).
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