Zohn, El heredero de La Tierra (4ª Parte)
2 Fantásticos comentarios Fantaseado por Alex at viernes, enero 15, 2010Si quieres leer la historia desde el principio, haz click en el siguiente enlace:
- Zohn, el heredero de La Tierra (1ª Parte).
- Zohn, el heredero de La Tierra (2ª Parte).
- Zohn, el heredero de La Tierra (3ª Parte).
Hacía ya mucho tiempo que ansiaba una oportunidad. Sin embargo, no le quedaba otra opción que armarse de paciencia y seguir desempeñando su labor. Aunque no era hombre de caprichos –por qué era ya casi un hombre-, tampoco podía permitirse grandes lujos. Comía caliente todos los días y no pasaba frío. Con esa austeridad, de vida sosegada y suficiente, había sumado una pequeña cantidad de “Posibles”.Así era como se llamaba al dinero de La Era Futura. En realidad, los Posibles, no existían como moneda, ya que se sumaban a la cuenta personal de cada habitante, controlada por el Gran Banco Mundial. Cualquier transacción, ya fuera una compra, el salario cobrado por un obrero o una donación, se realizaba desde un sistema informático universal. Ésta fue una medida adoptada poco después de La Erupción, para prevenir las economías sumergidas que pudieran enriquecer a unos pocos, a cambio de hundir aún más, si cabía, a los más desfavorecidos. Lejos de ser una solución comunista, aunque a primera vista, así pudiera parecer, cada uno con sus Posibles, podía adquirir lo que quisiera. De este modo, Zohn, nuestro amigo, había acumulado ya casi lo suficiente para comprar su primera armadura. Eso y, claro está, que el trabajar a diario manipulando y reparando las piezas de los guerreros, le había proporcionado multitud de ganchos, púas, cuchillas y un sinfín de trozos de metal que, a bien seguro, le ayudarían a completar su coraza.
Si algo tiene la raza humana, es una capacidad de adaptación para solventar cualquier contratiempo, que ninguna otra especie ha desarrollado. Por ello y también por que la avaricia, al igual que la crueldad, son componentes intrínsecos de los hombres, no pasó demasiado tiempo, desde que se empezó a comerciar con Posibles, para que se recurriera a un sistema sumergido ancestral: El trueque.
Todo aquel que poseía algo, podía cambiarlo por cualquier otra cosa, evitando así los impasibles impuestos del Gran Banco Mundial. Como las conciencias de cada uno, por lo normal, se veían cegadas por el hambre y las enfermedades, se había convertido en algo más que habitual el deshacerse de lo que ya no era útil. Siempre se podía intercambiar un viejo mueble, por algo que llevarse a la boca.

A pesar de ello, estos cambios tenían dos inconvenientes:
El primero, es lo que en La Era Futura se llama un Delito Sustancioso. No recibe ese nombre por la cuantía de los bienes evadidos, si no por que los impuestos que deberían pagarse por esas compras, son para el sustento de la raza humana. Según la ley, atentar contra el sustento, es atentar contra la vida. Por eso, su castigo es la ejecución.
Aunque a Uds., quizás les cueste asumir que el correr estos riesgos pudiera valer la pena, deben de tener en cuenta que el concepto de la vida en los últimos años, se ha devaluado bastante. Muchos prefieren perder la vida si a cambio han legado alimentos o medicinas a sus familiares. Así que la muerte, desde un punto de vista subjetivo, es un mal menor.
El segundo inconveniente, no es ni mejor ni peor. Simplemente es una auténtica lotería. La mayor parte del mercado negro, se trapichea en La Superficie.
Tras la erupción y la desaparición de las ciudades, de los bosques y en muchos casos de toda forma de vida, grandes extensiones semidesérticas, de dura roca arrugada con grandes sombras perpetuas, de grandes grietas incandescentes, trampas mortales para los profanos del terreno, albergue de bandidos, mutantes y ancianos y cuna de innombrables enfermedades, se habían convertido en una existencia fuera de la ley, en la que uno podía acabar siendo el plato, para humanos y animales, que les ayudara a pasar unos cuantos días bien alimentados.
Como ya les comenté anteriormente, queridos lectores, el comerse a un igual no es motivo de rubor y mucho menos de culpa. Es simplemente cuestión de supervivencia. Sin embargo, el hecho de que no esperen a que su alimento expire, antes de hincarle el diente, a mi sí que me intranquiliza bastante.Pero éstos, no iban a ser motivos para que un joven valiente, aspirante a guerrero de Ironball, dejase de perseguir su sueño. No podía ceder ante los peligros de lo desconocido, la incertidumbre de un destino caprichoso, o al antojo de algún mecenas que se encaprichara de él. Tenía la fuerza, había reunido el valor y la decisión, su mente perseguía un único objetivo y su corazón… Su corazón ya no sentía.
Continuación en:
- Zohn, el heredero de La Tierra (5ª Parte).
Labels: Zohn el heredero de La Tierra
Tras más de ocho meses de inactividad, por motivos diversos e irrelevantes, que tal vez algún día os cuente; me complace anunciar que tengo intención de retomar mi actividad blogera y así continuar con las historias que dejé a medias en su día y más que probablemente iniciar algunas nuevas que espero que os hagan disfrutar al menos un poquito.
En este tiempo, temo haber perdido a la práctica totalidad de los lectores que venían siendo habituales, así que a aquellos que sigáis por aquí, os agradecería que corrierais la voz sobre mi vuelta.
Tengo algunas ideas para “Cartas a Suzzane”, “Crónicas de Adalsteinn” y “Zohn el heredero de la tierra”, además, como no, de continuar con las “Cartas psicóticas” que tanto me gustan.
Como siempre, se aceptan sugerencias, ideas, críticas y demás. Espero también sacar algo de tiempo de dónde sea, además de para contestar a todos los comentarios, para visitar vuestros blogs y dejar una pequeña huella por allí.
Pronto, muy pronto, podréis seguir leyendo mis pequeñas historias.
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Juntos trazaban planes de futuro, soñaban con un reino aún mejor si cabía. Gozaban de las cosas buenas de la vida, del amor que se proferían, de todo cuanto les rodeaba. Sus ilusiones y deseos iban a una. -Se dice que no podían respirar el uno sin el otro-. Bordaron con sus arrumacos una vida idílica, casi insultante de su rebosar de felicidad. Incluso pensaron con fervor en un vástago a quién criar bajo el techo de su seguridad.
Llegó el día en que el reino heredado, les rindió finalmente pleitesía. Los pesares de la vida y el sueño inerte de los que hasta aquel momento fueron sus reyes, no empañaron el júbilo del pueblo y mucho menos aún, el de nuestros atortolados príncipes, ahora ya convertidos en reyes y señores de una tierra rica y fértil.
Durante muchos años, buscaron causas por las que luchar. En muchas ocasiones las hallaron, otras las fingieron para no perder el norte. Paso a paso se embarcaron en una y otra empresa, crecieron y acumularon más y más riqueza y con ella emprendían nuevos retos que acometer con energía y decisión.
Pero como en la mayoría de estos casos, comieron y comieron perdices y fueron muy felices. Pero un día, tan exquisitas aves empezaron a escasear. La bonanza conocida flaqueó hasta el extremo. Las fértiles tierras ribereñas dejaron paso a vastas llanuras desérticas que no producían grano alguno. El fervor de su pueblo se tornó hambruna y miseria. Los proyectos iniciados absorbían los recursos acumulados durante tanto tiempo, a un paso estrepitosamente alarmante.Lejos de unirse ante la penuria, la discordia irrumpió en sus vidas en tan inoportuno momento. Él se volvió irascible, ella dejó de ser aquella dulce y bella dama que fue. Ambos buscaron refugio –con más o menos intensidad, según el caso-, en brazos ajenos. El desacuerdo incluso evolucionó hasta la cólera, llevando a nuestros jóvenes, a distanciarse más y más según avanzaba el tiempo. Omitieron hablar de lo obvio de la situación y simplemente, poco a poco, se abandonaban, casi sin saberlo, el uno al otro.
Las medidas desesperadas por salvar el reino, no surtían efecto alguno y el pueblo estallaba en revueltas y motines, exaltado por la necesidad, asediando con aplomo el pretencioso castillo real.
En el consuelo de una joven cortesana, el hundido rey encontraba su resuello, su propia paz, una ventana de luz en su pozo de amargura. Sin embargo, la piedad y la buena voluntad de la joven confundieron al príncipe hasta caer rendidamente enamorado a sus pies. La joven dama, fiel a su reina, por la que daría la vida, rechazó los sentimientos del consorte. Jamás le volvió a dirigir palabra, pues a pesar de amarlo profundamente, sabía que no podía faltar a su promesa. No era capaz de clavar en su señora la daga de la mentira y decidió hacerse a un lado y borrar de su corazón y de sus recuerdos todo cuanto había soñado para con su amado.Nuestro ya decadente rey enloquecía con los días y las noches de extremo sufrimiento. La indiferencia de su esposa, la ignorancia de su amada, la decadencia de su reino y la impotencia de ver como todo cuanto había tocado se destruía, le carcomían las entrañas. Buscó mil soluciones, a lo uno y a lo otro, por las buenas y por las menos buenas, con la lucha y con el diálogo, con la pasión y con el desdén. Blandió la espada contra su pueblo, castigó y tiranizó con la insolvencia de sus decisiones, a un más que mermado ejército. Los males de su pueblo se convirtieron en los suyos propios, enfermando hasta la agonía y cruzando el umbral de la locura.
Jamás llegó el vástago que hiciera resurgir de las cenizas a aquel próspero reino. Se desconoce por completo que fue de aquella compasiva cortesana.
De la reina, se sabe que permaneció en castillo hasta el fin de sus días. El rey, hacinado en la torre más alta del castillo, pasó largos años de aislamiento, recluido por voluntad propia, en el más apartado de los rincones de aquel reino empobrecido y desdichado. Jamás fue capaz de mirarse en un espejo, ni de obtener la respuesta a sus plegarias. Algunos cuentan, que murió de viejo. Otros dicen que de la tristeza que le invadía, se le secó el corazón y se convirtió en piedra. Algunos aventuran –esto es menos probable-, que llegó a pactar con el diablo con tal de volver a ver, aunque una sola vez fuera, a la amada que tanto extrañaba y que aún así, ésta no quiso complacerle. En cualesquiera de estos casos, sí es cierto, que fueron felices y que comieron perdices, pero sólo por un tiempo.Dedicado a mi princesa y por que este cuento, sea sólo eso: un cuento.
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