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Leer la historia desde el principio.
Leer el capítulo anterior.


A pesar de haber insistido a la joven, ella pareció no entender mis intenciones de, única y exclusivamente, dormir con ella. Amanecimos abrazados y con nuestros cuerpos desnudos empapados por la humedad del alba. En cierto modo sentía lástima por ella ya que sabía que pocos hombres la tratarían con el cariño que yo lo hice.

Procuré levantarme sin despertarla, pero fue en vano. Entreabrió los ojos y esbozó una sonrisa. Dijo algo en malay. Yo asentí como si la entendiera y le besé en la frente. No podía entretenerme. Di un tirón de la sábana y ella soltó un gritito y unas risas.

Tras vestirnos y recoger cada uno sus cosas, me acerqué a ella y puse en sus manos un sobre en el que se podía leer:

Suzanne Care
United Nations Asociation
1 Bangsar Puntri Bukit Bundarayah,
8th floor
59100 Kuala Lumpur
Malaysia
CODE: 166458HRW746-A544868X8

Era una apuesta arriesgada, pero por una vez, me veía en la obligación de confiar en alguien. Mi mensaje a la organización estaba en camino. Su aparente forma de carta a mi, supuestamente, amada Suzzane, escondía entre sus palabras el informe acerca del contacto realizado con Emily. Ella pudo verificar mi identidad gracias al pentotal sódico y a una –debo reconocerlo- brillante acción estratégica por su parte. Sin embargo, a mi no me quedaba otra que acudir a la cita, depositando mi fe en que no se trataba de ninguna encerrona. Al menos, si el informe llegaba a su destino, alguien podría seguir la pista y rehacer el caminó hasta llegar al punto en el que yo me encontraba ahora.

En su mano, además, deposité un billete de cien dólares a Setiawan. -¡ése era su nombre! Ahora lo recuerdo. Me hizo cierta gracia, ya que en malay significa “hombre de fe”.- Era mucho dinero para ella. Mucho más de lo que podía ganar por las noches y con aquel individuo que custodiaba la puerta, como promotor de sus negocios –por así llamarlos-. De hecho, al pensarlo, caí en la cuenta de que no lo había oído en toda la noche. Durante algunos instantes, dudé en si salir de nuevo a la escalera metálica era una buena opción. Sin embargo, era mi única alternativa. Algunas lagunas en mi sentido común, no me dejaron percatarme de que una habitación sin ventanas no poseía una vía de escape rápido. Me armé de valor y asomé la cabeza al exterior. En contra de lo que yo pensé, el hombre estaba allí. De hecho, estaría allí hasta que le dieran sepultura, puesto que el corte que separaba la cabeza de su tronco, parecía ser el causante de su inmovilidad. La sangre que chorreaba por su garganta, se escurría por el entramado del suelo hasta caer a un gran charco rojo dos pisos más abajo.

Valoré la situación. No se veían vehículos ni personas que vigilaran nuestra posición. En cualquier caso, había que largarse. Tomé a la chica de la mano y bajamos la escalera lo más rápido que pudimos. Por el camino quedaron sus zapatos, salpicados en sangre y con los tacones partidos. Mi camisa se desgarró en un enganchón con un tornillo que arañó mi piel. Tras nuestro frenético descenso, me paré un momento, tomé su cabeza entre mis manos y le grité:

-¡Corre! ¡Corre!

Muerta de miedo, asintió con la cabeza y corrió callejón abajo hasta perderse tras la esquina. Yo avancé, cauteloso pero con paso ligero, en dirección contraria. Empuñé el arma que guardaba en el bolsillo y pegué mi espalda a la pared. Tomé aliento, tragué saliva y me aventuré a la avenida principal.

Continuará…

Leer el siguiente capítulo.


Si no lo has hecho aún, deberías leer primero:
- Crónicas de Adalsteinn (1ª Parte)
- Crónicas de Adalsteinn (2ª Parte)


Retomando el hilo, hablábamos de un demonio en particular. Ahora ya sabemos, por su tonalidad, que se encuentra adormecido en lo alto de una roca, y que su despertar puede depararnos mil y una sorpresas si, desafortunadamente, estamos presentes cuando eso suceda. Sí, podremos averiguar cuál es su color. Con eso podríamos incluso especular con cuál es su grado de inteligencia, o incluso su edad. Pero de poco nos serviría. Estos bichos, tienen un verdadero mal despertar. Ya que son perezosos por naturaleza, y sienten un verdadero placer al agazaparse y echar una cabezadita. Les molesta de una forma antinatural, el ser despertados de sus profundos y frecuentes descansos. Cuando cualquier animalejo, bestia o demonio despierta a otro demonio, ha de tener por seguro que no quedará impune.

Por suerte para nosotros, en este caso el demonio al que observábamos, se despertó de su profundo sueño por sí solo. Permanecimos inmóviles detrás de unas rocas. Por un momento, contuvimos la respiración y apretamos las nalgas. El temor a que el demonio se percatara de nuestra presencia, nos mantenía al mismo tiempo que nerviosos, sumamente cautelosos. Tratábamos de no mover ningún músculo, y sobre todo de no hacer ningún ruido. Aunque los demonios no gozan de un oído afinado, en el interior de la gruta, cualquier pequeño sonido se magnificaba por culpa del insistente eco que golpeaba las paredes.

Teníamos una posición elevada para nuestra observación. Esto nos otorgaba una leve ventaja sobre nuestro objeto de estudio, pero no por ello debíamos confiarnos. No había demasiada luz. La gruta en la que nos encontrábamos era más bien oscura, y tan sólo adquiría un leve color anaranjado, reflejo de un riachuelo de magma que discurría por un lateral de la estancia. Afortunadamente, ese mismo riachuelo, era el que nos separaba de nuestro curioso ejemplar demoníaco. Agazapados desde nuestro escondrijo, no adivinábamos a verle las alas, así que si la suerte nos acompañaba, en caso de que nos descubriera, no podría venir a por nosotros. En caso de tener alas…ese caso no se dio.

En un momento, el demonio al que vigilábamos se puso en pie. Se elevó sobre la punta de la roca y con las piernas ligeramente separadas, arqueó levemente la espalda, estiró los brazos y los elevó hacia arriba con los puños cerrados.
Nos pareció poder oír, incluso, el chasquido de alguna de sus vértebras, pero al momento ese sonido quedó ensordecido por un potente, desmesurado e inquietante bostezo. Lo escuchamos como si nos hubieran chillado detrás de la nuca. Era un sonido estridente, que nos puso la piel de gallina, y nos hizo darnos cuenta de que el miedo que habíamos sentido hasta ese momento no era nada, comparado con el que estábamos empezando a sentir. De todos modos, el bostezo de nuestro demonio, fue tan desproporcionado, que sonó más a una burla al sueño, que no a un verdadero bostezo. Una cosa estaba clara: Se trataba de un demonio verde. Eso nos daba un aliento de tranquilidad, ya que sabíamos que no podría alcanzarnos, o como mínimo, que no lo haría inmediatamente. No debemos olvidar que nos encontrábamos en una gruta muy profunda, la cuál podría ser o bien su madriguera, o si no, al menos, un cobijo que frecuentaba. Conocería mejor que nosotros todos los pasos, grietas y agujeros por los que moverse. También conocíamos que la probabilidad de que viniera a buscarnos era remota. Recordemos que estos seres son vagos por naturaleza, y que antes de mover un solo músculo, han de creer que el esfuerzo que van a hacer está justificado por lo que van a obtener por ello.

Asomé la cabeza por entre unas rocas, y pude ver su silueta. Medía poco más de metro y medio, pero aún así su figura era imponente. El contorno de su cuerpo se dibujaba con el contraluz formado por el calor del magma y la oscuridad de la cueva. Se había llevado las manos a la cintura, y miraba hacia abajo, hacia las incertidumbres de la profundidad, como un ave nocturna, cuando observa el ligero caminar de un ratoncillo en la noche del bosque. Su cola serpenteaba, y daba latigazos de un lado a otro. A veces se enroscaba y trazaba una espiral, para volver a chasquear y seguir serpenteando.


De repente, un sudor frío me recorrió la espalda.

Continuará...

Debo agradecer a +susana, del blog Mi reino y su fauna, que me otorgue el "Premio a la Imaginación". Aunque ya había recibido este premio con anterioridad, me enorgullece categóricamente recibirlo de sus manos.

- Na hay nada más grande que el universo.- Afirmó el ciéntifico.
- Sí que lo hay. La mente que es capaz de imaginarlo sin poderlo ver.- Replicó el escritor.


Yo por mi parte, le concedo este premio a:

- Y tu que lo veas. Diana.
- Mi ventana al mundo. Circe.
- En la niebla de los días. Maine


Premio al Blog con Huellas 2008.
Otro premio, esta vez de la mano de Leinad22 con su blog Mi Mundo.
Qué decir del carismático empuje que desprende con sus ingeniosas iniciativas. Gran amigo, gran persona y gran escritor.


Las palabras son caminos al alma. Te guían, te desnudan, te cobijan, en algunas ocasiones te amedrentan y en otras te emocionan. Cónyugues de nuestra mente y esclavas de nuestra voz, nos muestran la senda que ha de llevarnos al lejano horizonte de la sabiduría.

Gracias desde lo más profundo de mi ser.

Me parece oportuno adjudicar este premio a:

- Mundos paralelos. Noemí.
- El pequeño desván de los sueños rotos. Soñadora Empedernida.


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