Total, nadie me lee.
Hace 2 semanas
A pesar de haber insistido a la joven, ella pareció no entender mis intenciones de, única y exclusivamente, dormir con ella. Amanecimos abrazados y con nuestros cuerpos desnudos empapados por la humedad del alba. En cierto modo sentía lástima por ella ya que sabía que pocos hombres la tratarían con el cariño que yo lo hice.
Algunas lagunas en mi sentido común, no me dejaron percatarme de que una habitación sin ventanas no poseía una vía de escape rápido. Me armé de valor y asomé la cabeza al exterior. En contra de lo que yo pensé, el hombre estaba allí. De hecho, estaría allí hasta que le dieran sepultura, puesto que el corte que separaba la cabeza de su tronco, parecía ser el causante de su inmovilidad. La sangre que chorreaba por su garganta, se escurría por el entramado del suelo hasta caer a un gran charco rojo dos pisos más abajo.
Labels: cartas a Suzanne
Si no lo has hecho aún, deberías leer primero:
- Crónicas de Adalsteinn (1ª Parte)
- Crónicas de Adalsteinn (2ª Parte)
Retomando el hilo, hablábamos de un demonio en particular. Ahora ya sabemos, por su tonalidad, que se encuentra adormecido en lo alto de una roca, y que su despertar puede depararnos mil y una sorpresas si, desafortunadamente, estamos presentes cuando eso suceda. Sí, podremos averiguar cuál es su color. Con eso podríamos incluso especular con cuál es su grado de inteligencia, o incluso su edad. Pero de poco nos serviría. Estos bichos, tienen un verdadero mal despertar. Ya que son perezosos por naturaleza, y sienten un verdadero placer al agazaparse y echar una cabezadita. Les molesta de una forma antinatural, el ser despertados de sus profundos y frecuentes descansos. Cuando cualquier animalejo, bestia o demonio despierta a otro demonio, ha de tener por seguro que no quedará impune.
Teníamos una posición elevada para nuestra observación. Esto nos otorgaba una leve ventaja sobre nuestro objeto de estudio, pero no por ello debíamos confiarnos. No había demasiada luz. La gruta en la que nos encontrábamos era más bien oscura, y tan sólo adquiría un leve color anaranjado, reflejo de un riachuelo de magma que discurría por un lateral de la estancia. Afortunadamente, ese mismo riachuelo, era el que nos separaba de nuestro curioso ejemplar demoníaco. Agazapados desde nuestro escondrijo, no adivinábamos a verle las alas, así que si la suerte nos acompañaba, en caso de que nos descubriera, no podría venir a por nosotros. En caso de tener alas…ese caso no se dio.
Recordemos que estos seres son vagos por naturaleza, y que antes de mover un solo músculo, han de creer que el esfuerzo que van a hacer está justificado por lo que van a obtener por ello.
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